Quiero aprovechar esta entrada para tratar un par de realidades con las que me he encontrado estos últimos meses, pero sobretodo quiero aprovechar para hacer fe de erratas y disculparme por parte del contenido de una de las páginas de la web. Vamos por partes.

Al concepto de “interseccionalidad”, también llamada “teoría interseccional”, llegué de rebote y por casualidad gracias a una amiga y ella a su vez gracias a Twitter. Lamentablemente para vosotras esto se va a pasar de 140 caracteres.

La interseccionalidad busca estudiar cómo el conjunto de factores identitarios como son el género, la raza, la orientación sexual, la clase social, la nacionalidad, la edad y otros; se relacionan e interaccionan entre si en la construcción de una sociedad, considerando imposible el estudio de la identidad desde una perspectiva no-interseccional (es decir, sin tener en cuenta todos los factores). Esta corriente de pensamiento social nace a finales de la década de los 60 de la mano del movimiento feminista multirracial en Estados Unidos y no puede desvincularse de los movimientos contra la opresión o la discriminación sin perder su esencia, como veremos ahora.

En este contexto de luchas sociales la interseccionalidad adquiere un componente práctico fundamental. Surge como una reivindicación por parte de colectivos y organizaciones de mujeres negras, principalmente el Combahee River Collective, que señalaban que el movimiento feminista liderado por mujeres blancas no atendía a sus realidades y necesidades sociales ni a las de las mujeres de otras razas o clases. Y la realidad es que, si al combatir una desigualdad social no se representa de manera correcta (¡y sobre todo efectiva!) a todas las víctimas de dicha desigualdad, se pasa de pelear por los derechos de un grupo oprimido a pelear por los derechos de sólo una parte de las víctimas. Es decir, se contribuye a que esa opresión siga siendo efectiva al ser el propio activismo el que invisibiliza a un sector.

En cuestión de activismo la noción de la interseccionalidad, ser conscientes de todos los factores identitarios del grupo al que defiendes y al que te diriges, debería por tanto ser una base inamovible de toda acción: si lo que buscamos es mejorar las condiciones de vida de personas humanas y no-humanas, no podemos permitirnos ignorar ninguno de estos factores, invisibilizar y por tanto oprimir a otras víctimas. Y aquí llegamos a la parte que nos/me atañe.

La he cagado.

En la entrada de esta misma web llamada “Libertad y Especismo” hago algo que había hecho una, dos y muchas veces antes en discusiones, debates y conversaciones en general: identificar la opresión animal con la opresión que sufren las personas negras o las mujeres. Vale, hay varias razones, que no justificaciones, por las que hice esto y también varias razones por las que está mal. No quiero que entendáis las primeras como una forma de excusa por mi parte pero básicamente se reducen a: no era consciente de que estuviera mal hacerlo, para mi era una manera de lograr generar empatía hacia los animales a través de las similitudes entre sus situación y la de otras personas en situaciones de opresión. Y ahí está una de las claves de la interseccionalidad práctica: lograr algo a través de la opresión de un grupo de personas, UTILIZAR una opresión, da igual el fin, NO está bien. Y hacerlo está especialmente mal cuando el racismo y el machismo son dos realidades actuales para millones de personas en el mundo y yo soy un hombre heterosexual blanco al que ninguna de ellas le afectan.

Lo siento.

Me disculpo ante aquellas personas que sufrís por culpa de mis privilegios y a las que no he tenido en cuenta.

Y el problema no acaba ahí. Hacer entender a la gente que asesinar animales está mal porque es parecido a oprimir a humanos no hace a los animales ningún bien. Es de hecho una postura especista porque no les da derechos o consideraciones propias. A los animales no hay que protegerlos por lo que puedan o no parecerse a nosotros. A los animales y a las plantas hay que respetarlos porque son seres vivos. Son seres diferentes, grandes y pequeños, complejos o sencillos. No importa. Los argumentos a favor del respeto hacia los animales no-humanos nunca deberán salir de la opresión de humanos porque cualquier animal merece vivir por si mismo. Son seres majestuosos, delicados, extraños, que han logrado alcanzar un equilibrio, un clímax con la naturaleza con el que a nosotros sólo nos es permitido soñar o fantasear.

Los veganos no elegimos no comer animales porque no nos comeríamos a otras personas. Los veganos elegimos no comer animales porque no hay suficiente dinero o argumentos por los que decidiríamos acabar con la vida de un animal.

De modo que una vez más, lo siento. Pero esta vez mis disculpas van dirigidas a los animales a los que quiero proteger. No merecéis ser comparados. No merecéis ser protegidos por pena. Merecéis vivir respetados. Cuidados. Admirados.

Y quiero aprovechar esta disculpa para hablar de algo con lo que me encuentro a menudo. Cuando a lo largo de nuestras vidas se nos plantea una injusticia moral, como es el caso de la opresión animal, nuestra ética personal nos exige una respuesta. Y dependiendo de la persona esta puede ser una u otra. Como parte de campañas de activismo, yo y otras compañeras solemos hablar sobre veganismo con distintos grupos de personas y las respuestas suelen poder agruparse en, digamos, 3 o 4 bloques similares de reacciones. En otra entrada escribiré más detenidamente sobre estas pero aquí quiero mencionar una en concreto.

Una vez que explicamos que el veganismo es una solución a la opresión animal y a gran parte de la destrucción del planeta, nos encontramos con que la gente se ve abrumada por el conjunto final de cambios que el veganismo implica.

Si no sois veganas quizá no os hagáis una idea de cuantas veces hemos oido la frase: “No, si yo estoy totalmente de acuerdo con lo que decís, pero yo no podría”. Spoiler para cuando lo seáis: muchas veces. Hacerse vegana no es difícil pero tampoco puedes decir que sea fácil. La transición es compleja cuanto menos. Se producen muchos cambios personales a nivel moral y es una ruptura fuerte con valores y tradiciones muy arraigadas en nuestra sociedad. Pero la palabra clave es “transición”. Una transición de un estado a otro es, como la vida misma, subjetiva y personal, y no puede darse de un día para otro. Hay quien tarda años en dejar de consumir productos de origen animal pero hace la transición moral en cuestión de semanas y otros en cambio dejan de comer animales enseguida pero sufren cada vez que sus amistades o familiares juzgan su decisión. Cada persona tiene su proceso y ese proceso  una vez comenzado debe ser respetado. Pero muchas más veces de las que querría se produce un bloqueo del proceso porque el estado final parece inalcanzable.

Yo lo he llamado “lastre de los absolutos” por ponerle un nombre, pero podéis llamarlo como queráis. No estoy totalmente seguro de qué es lo que genera este lastre que nos impide avanzar hacia un mejor estado de coherencia moral, pero desde el activismo tenemos parte de la responsabilidad. Quizá no sepamos motivar correctamente, eliminar el miedo al cambio de la ecuación; quizá, como el veganismo toca muchos temas, la dimensión del problema acaba resultando abrumadora; quizás somos demasiado teóricos y poco prácticos en nuestras explicaciones. No lo sé. Pero si de algo me gustaría que sirviese esta entrada es para intentar dejar claro que ninguno somos perfectos.

Todos nos equivocamos, mucho, y es cuestión de ir intentando mejorar. Si nos planteamos que el objetivo es la perfección absoluta sólo pueden pasar dos cosas, que nos frustremos o que no lo intentemos. Y tenemos que intentarlo. Perdonad por presionaros pero nos necesitan: miles de millones de vidas necesitan que tomemos una pequeña decisión en cada paso del camino. Puede empezar con un pequeño cambio o con uno muy grande. La alternativa está ahí y depende de vosotras.

Para más información sobre interseccionalidad y veganismo: The Intersectional Vegan (theintersectionalvegan.com/intersectionality/)
Fuente imagen cabecera: Tess Asplund – Foto por: David Lagerlöf/Expo/TT News Agency/Press Association Images
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